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El proceso es largo, lentamente pero con firmeza avanzamos. El grupo de mujeres del SEP de Santa Rosa de Lima, cada semana se reúne. Cada reunión se convierte en un encuentro de ideas, de discusiones y preguntas. Cada reunión nos consolida como grupo y, como tal, seguimos intentando resistir los fundamentalismos de género.
Cuando hablamos de género, hacemos referencia a una construcción histórica, cultural y social acerca de lo que se concibe como “femenino” y “masculino”. Esta concepción construida se ha instalado y se reproduce socialmente mediante instituciones como son; la escuela, la familia, la iglesia, los medios masivos de comunicación y otros ámbitos en los cuales participamos cotidianamente.
Esta construcción social que se transmite desde hace siglos se denomina Patriarcado que define y coloca a los varones como superiores por naturaleza. Este sistema define entonces a los hombres como superiores, capaces, inteligentes, fuertes, con más poder sobre las mujeres, las cuales define bajo la sumisión, la subordinación, sin libertad ni poder de decisión y condenadas a las actividades del hogar, a obedecer y destinar su vida y su cuerpo a la reproducción.
Estas diferencias creadas socialmente que dividen los roles de género femenino y masculino como naturales nos atraviesa, nos influye y lo aprendemos desde niñas/os. Los roles de género son determinados comportamientos que aprendemos y hacen que los miembros de una sociedad o grupo naturalicen como femenino o masculino ciertas tareas, responsabilidades que se jerarquizan y se valoran de manera diferenciada.
Creemos que descubrir y aceptar que estas características han sido y son asignadas por la sociedad es el primer paso de un proceso de reconocimiento que nos permite lograr transformaciones con base en la libertad y la justicia. De ser posibles esas transformaciones, se traduciría en una mayor equidad de género.
Miles de mujeres de diferentes sectores y organizaciones sociales, políticas, culturales, religiosas, de comunidades aborígenes, de organizaciones que luchan por el derecho y la diversidad sexual, entre otras, trabajan en nuestro país y en el mundo para lograr una mayor igualdad de género.
Miles de mujeres trabajan todos los días promoviendo procesos y espacios personales y colectivos que nos brinden la posibilidad de analizar los mandatos culturales y también religiosos que permite que las mujeres se encuentren en subordinación y silencio. Un claro ejemplo de este trabajo y lucha son los Encuentros Nacionales de mujeres, que muchas conquistas han logrado y se realizan todos los años, desde 1985, en nuestro país.
Creemos absolutamente que en el grupo de mujeres que se reune en el SEP de Santa Rosa de Lima, constituye un espacio y una oportunidad para pensarnos, para escuchar nuestras voces y las de otras mujeres, hoy sometidas bajo mandatos culturales, cuyas historias y experiencias son aún desconocidas y sus voces aún silenciadas.
Testimonio Compartimos con Ustedes el testimonio de Verónica, una vecina de Santa Rosa de Lima e integrante de nuestro grupo de mujeres, que da su opinión acerca de la situación que atraviesan y el lugar que ocupan las mujeres en su barrio.
…Yo a la mujer de Santa Rosa de Lima la veo muy sometida, no conoce sus derechos, no conoce que ella es dueña y tiene la palabra para decidir lo que quiere y lo que no quiere hacer con su vida y con su cuerpo. La mayoría sometida a sus maridos. Sería bueno armar más grupos de mujeres, que el grupo se conozca, para que aprendan que ellas tienen derechos, que son importantes, que tienen derecho a decidir sobre sus vidas, sobre su futuro, si quiere tener más hijos o no, que el grupo de mujeres que tenemos acá sea más grande y que las mujeres del barrio se acerquen y conozcan y puedan aprender lo que nosotras estamos aprendiendo…”
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